viernes, 13 de junio de 2014

5 . La caja

- Señorita V.. Veamos si he logrado entenderla. Usted dispone de una caja donde guarda las voluntades de su novio desaparecido tristemente hace ya unos años.¿Cierto?.

 Una pausa .El silencio.Como detesto esas miradas penetrantes...

- Verá,señor Jarquer. No es fácil para mi esta situación.Nunca he vuelto a hablar con nadie sobre este tema.Pero si .Si lo quiere saber ,si .La caja sigue ahi.Debajo de mi cama.En el mismo lugar hace cerca de 10 años.Y no tengo mucha predisposición ( si es lo que se propone)ni muchÍsimo menos de abrirla de nuevo.Está donde debe de estar.

- No logro comprenderlo.¿Le encomendaron unas voluntades y no fue capaz de prestarles ni la más mínima  atención? ¿Se ha planteado como se hubiese sentido usted si fuese la muerta? Me siento en la obligación profesional de darle, en mi juicio , mi más humilde opinión:
No ha podido rehacer su vida  emocional, (aunque lo ha intentado) porque no se ha ocupado de concluir  su primer capitulo.Y sin cerrar cada uno de ellos,en nuestra vida es imposible crear unos nuevos.Ni un segundo,un tercero,un cuarto... Pero claro,finalizarlo  implicaba enfrentarse a él y ésto le asustaba enormemente.Le imponía  un gran respeto.Así que optó por la vía más simple y sencilla .Negar su maravillosa caja,junto con sus emociones,su personalidad  y su alma debajo de su cama.Mientras  se confeccionaba para si  misma una  nueva personalidad.Un nuevo ser .Subrealista.Una nueva persona que jamás vivió la ausencia de Marcos ,ni  tampoco su enorme y embriagador duelo.

Ahora no solo me sentia herida.También desnuda.Vacía.No solo este terapeuta vacilón trataba mis problemas sin la menor consideración.Además, me hacía sentir  como se siente una cobarde..Siento lástima de mi misma.
 Paso del lamento al enfado. Al monstruoso , tenebroso y temperamental enfado.
 - Oigame bien,señor terapeuta,Jarquer,Gustavo o como diablos quiera usted llamarse.
Solo yo soy dueña de  mi vida y solo yo tengo la pretensión de juzgarla.No me esperaba que esa fuera su reflexión y su análisis.Más bien,usted despierta en mi el desastre y el desconcierto.Y para colmo,el prejuicio.

Me pongo en pié.Malhumorada.Los latidos inestables de mi corazón.

- Adiós ,señor Terapeuta.

Me estiré  las solapas de mi americana descolorida.Para mi asombro, él también se puso en pie:

- Oígame usted también, señorita V  No vuelva a mi consulta si no es con su caja sobre las manos y la moral y la confianza a cuestas sobre su espalda.

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