Por ello he decidido sacarla de nuevo y llevarla a la consulta del señor Jarquer.Hace muchos años que no la he vuelto abrir Y hoy es un dia lluvioso.Tranquilo y sereno.Huele a fresco otoño.Es un día perfecto.
Camino hacia la consulta y estoy impaciente. La caja tiene un aspecto delicado y sereno.De estilo victoriano.Con líneas doradas y un enorme cierre con candado.
Llego a la consulta y ésta vez,el doctor me recibe en la entrada:
- Señorita V, qué alegría me da verla! vaya, vaya..pero que hermosura de caja ...Estoy muy orgulloso de usted. .Sé que no ha debido de ser fácil.Pero,¿ quiere que le diga una cosa? Ésto que ha hecho usted es lo más duro que va a tener que hacer.Se lo prometo.A partir de ahora,usted misma,va a encontrar el camino que le reconducirá a la salida.
Voy a contarle algo yo hoy,a usted.Esta vez,sobre mi.Quiero que me preste toda la atención posible:
Vivía en Argentina ,y era un tipo muy feliz.Teníamos una bonita casa en Buenos Aires.Me agradaba mucho vivir en ella.Porque toda ella olía y sabía a Lucinda, mi esposa.Dedicó muchas horas y mucho esmero a acondicionarla a su gusto.
También vivían nuestros lindos hijos,Estela del Carmen y Lucho.
Yo tenía un imponente despacho en la capital.Y por aquel entonces, me encargaba de realizar exámenes psíquicos a delincuentes que ivan a ser juzgados.Poco a poco mi éxito se hizo notable. Y por aquel entonces ya viajaba con mucha frecuencia y daba conferencias. Fui premiado con galardones y condecoraciones de los cuerpos de seguridad del Estado.
Un dia que tuve libre,mi mujer Luche, sentada sobre el sillón rojo de terciopelo,me dijo,con la voz entre sollozos, que no era feliz con la vida que teníamos .Que el dinero y el poder la estaban convirtiendo en una mujer solitária .Y ausente.
Le repondí con una sonrisa que yo, sin embargo,me sentía un hombre realizado y feliz.Trabajaba todas las horas del mundo y también le daba todo lo mejor a mi familia.El problema entonces era el resultado de no encajar de manera comprensiva ,la nueva situación.
Intenté que se diera cuenta .Pero,finalmente,quién no se la dió, fuí yo..
Lucinda poco a poco dejó de realizar sus tareas cotidianas..Para luego poco a poco dejar de pensar,de soñar,de ser,de estar.Hasta que dejó de comer...y dejó de respirar.
Unas cajas de benzodiacepinas hicieron el resto.
Mi amada esposa falleció victima de una enorme depresión que no detecté y no pude ayudar.Me dedico a esta profesión hace más de 40 años,y no fuí capaz de ver lo enferma que estaba.Jamás me perdonaré dejarla morir así.Sin ayuda.Tan sola y tan desamparada.
Escapé de Argentina tras su entierro.Hice lo propio de un cobarde .Alcoholizarme de día y llorar todas las noches.
Acabé en esta ciudad por casualidad.Y después de intentar sobrevivir,decidí alquilar este cuchitril sucio y mugriento.Porque era la única manera de mantenerme sobrio.
Hasta que llegaste tu.